Categoría: He Leido ...
18 Abril 2007

Pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que realmente se abre camino hasta su corazón. Aquellas primeras imágenes, el eco de esas palabras que creemos haber dejado atrás, nos acompañan toda la vida y esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano - no importa cuántos libros leamos, cuántos mundos descubramos, cuánto aprendamos u olvidemos -, vamos a regresar.
La sombra del viento.
servido por utopias-
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4 Abril 2007
Cada tanto (en realidad, muy a menudo) aparecen en los periódicos noticias científicas (o así se presentan) según las cuales acaba de descubrirse esto y lo otro: un avance en el conocimiento de qué somos y qué nos pasa, tal como suele deducirse del triunfalista redactado. Leo, hace un par de días, que un equipo del Instituto Nacional de Diabetes (supongo que de Estados Unidos: la noticia, de agencia, viene fechada en Washington) ha conseguido localizar en el cerebro humano, mediante un escáner perfeccionado capaz de realizar un mapa inédito de la actividad de dicho órgano, las señales del hambre y de la saciedad.
No me pregunten cómo funciona, pero el caso es que parece que el descubrimiento podría ayudarnos a eliminar el hambre: fascinante perspectiva que, aplicada con la ternura habitual con que el ser humano suele comportarse con sus semejantes, permitiría que pueblos enteros murieran de hambre sintiéndose saciados y sin darle el coñazo al Primer mundo.
No entiendo que quienes dedican tan admirables esfuerzos a estudiarnos la cocorota no se hayan empeñado, todavía, en intentar localizar la zona donde tenemos emplazados la percepción del nacionalismo y el embrión del militarismo. Si a mí me dijeran, por ejemplo, que es en el hipotálamo donde más probabilidades tengo de que se me desarrolle un acusado sentido de excepcionalidad y superioridad respecto a los nacidos en otra tierra, o que es en el tálamo donde nace el impulso de que se me ponga la carne de gallina ante una marcha guerrera ... Por decirlo con franqueza, queridos, me hacia yo misma una lobotomía, ahora mismo, con el abrecartas y las tijeras de las uñas, y con una botella de whisky a modo de anestésico.
Pero ahí les tienen. Averiguando cositas para volvernos delgados. En vez de hacer algo para que seamos cuerdos.
(El país, 15 de abril de 1999, pág. 72)

servido por utopias-
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31 Enero 2007

Hay en una de las paredes de mi cuarto un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables las mima hora: las siete en punto.
Casi todo el tiempo, el reloj es solo un inútil adorno de una blanquecina pared.
Sin embargo hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix. Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las 7 y los cu-cu y los gong de las demás máquinas hacen sonar por 7 veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida.
Dos veces al día, a la mañana y a la noche, el reloj se siente en absoluta armonía con el resto del universo. Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección...
Pero pasado ese instante, cuando los otros relojes han acallado su canto y las manecillas siguen sus monótonos caminos, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.
Y yo amo ese reloj y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez me siento más parecido a él. También yo estoy parado en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy de alguna manera un adorno inútil en una pared vacía.
Pero tengo también fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. Durante esos tiempos, yo me siento vivo. Todo está claro y el mundo se transforma en maravilloso. Yo puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todos los otros momentos. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, trate de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mi se me escapa el tiempo de los otros.
... Pasados estos momentos, los otros relojes que anidan en otros hombres, continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro a llamar vida.
Pero yo sé que la vida es otra cosa.
Yo sé que la vida, la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Solo hay momentos de plenitud y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir siempre, quedaran condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.
Por esto te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa, tú y yo.
Autor: Jorge Bucay libro: "Dejame que te cuente"
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14 Noviembre 2006
El autor de este libro es José Saramago, en este libro muestra la falta de humanidad, la capidad de las personas para aprovecharse del resto cuando nos vemos en una situación caótica, expone la debilidad humana, y como juntos se puede salir de ese "caos" si se aprende a convivir como personas y no como animales, la novela cuenta la historia de una ciudad o de un país (no recuerdo exactamente) donde todos se vuelven ciegos, pero esta ceguera es contagiosa y por lo tanto todos los afectados son recluidos, sin poder tener contacto con el exterior, de una manera inhumana.
- Hicimos de los ojos una especie de espejos cueltos hacia dentro, con el resultado, muchas veces, d que acaban mostrando sin reserva lo q estábamos tratando de negar con la boca.
- -Creo q vamos a morir todos, es cuestión d tiempo.
-Morir siempre es cuestión d tiempo.
- Ningun perro conoce a otro perro por su nombre.
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14 Noviembre 2006
Los muertos pesan, no tanto por la ausencia, como por todo aquello que entre nosotros no ha sido dicho.
Cuanto más fuerte y profunda es la herida, más fuerte es la coraza que se desarrolla alrededor.
Hemos vivido sobre le mismo árbol, pero en estaciones diferentes.
Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón.
No hay que creer que ganar una batalla equivale a haber ganado la guerra.
Las verdades elementales son las mas difíciles de entender.
La mente es prisionera de las palabras.
Si alguna vez ha sido feliz podrá volver a serlo.
Es extraño, pero a menudo ocurre que determinadas personas, importantes en nuestra existencia, al principio no nos gustan nada.
¿Sabes cuál es un error? El de creer que la vida es inmutable.
Gracias a la magia d la memoria, todo aparece ante mis ojos como si estuviera allí.
¿Cuándo había sido yo misma por última vez?
Solo el dolor hace crecer, pero hay que enfrentarlo directamente; quien se compadece está destinado a perder.
El corazón del hombre es como la tierra, una mitad iluminada por el sol y la otra en la sombra.
Desconfía de quien es perfecto.
La primera revolución que hay que realizar es dentro de uno mismo.
Cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar. Siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve dónde el te lleve.
servido por utopias-
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